
"Las palabras son como estrellas, ellas cuando son bien usadas encienden la oscuridad como si fueran faroles"
“Dios creo todos los Espíritus simples e ignorantes"
Allan Kardec

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Se acabó la fiesta
Atrás han quedado los años dorados del consumo masivo, atrás quedan las memorias de un planeta lleno de recursos naturales, en el tinte del olvido perpetuo quedan los testimonios de una naturaleza en armonía con sus habitantes; esto ya es historia, al menos por un tiempo. Todos como habitantes de este planeta somos responsables. Hoy la naturaleza esta disconforme, enfurecida, sintiéndose violada y usada, reclama su derecho a vivir, a subsistir, porque es testimonio de Dios en este cuadrante del universo. Hoy, se acabó la fiesta y lo atestiguo con santa firmeza, con divina convicción. Afírmese usted. Aquellos días de gloria y majestad, aquellas jornadas de suculentos manjares y de abundancia han pasado al olvido ¿dónde buscamos el paraíso cuando Dios nos habló de él?, ¿Dónde buscamos el infierno? ¿En las estrellas? ¿En el cielo? ¿En la vida después de la "muerte"? Falso. Es aquí, aquí cerquita. A la vuelta de la esquina. En el bosque que había mas allá de su fundo, que hoy solo sobrevive en sus sueños; en los prados reverdecidos que había donde hoy habita la industria, en el océano misterioso; en los cielos; en los dominios de las aves; en los ojos brillantes de misterio de una natural mujer; en la fuerza terrestre de un hombre asumido; en tu actitud con tus semejantes, en esta vida; dentro de tu corazón, una vez allí, se hará visible la magia que te hará comprender el misterio de la vida. El paraíso está aquí. Faltas tú, despierta, sino, se escurre la vida de las manos como arena. Sufrir para valorar, llorar para aprender, quitar para tener, odiar para llegar al amor. Este planeta con sus riquezas y su naturaleza exuberante quita el aliento a cualquiera. Usted es dueño de este paraíso. El paraíso hay que construirlo, preservarlo, luchar por el. Dios nos facilitó un reino, manos para amasar y transmutar la materia, amor para elevar nuestro espíritu. Esa es la misión del hombre. Difícil, titánica, una aventura en la galaxia. Un viaje del espíritu imperecedero. El pan es testimonial, sagrado por su mágica esencia material. Pido perdón, pida usted también, de paso ayuda. No somos ningunos santos y todos participamos en esta fiesta. Hoy los monos atacan las poblaciones humanas, los pájaros entran a robar a las tiendas, la naturaleza reclama su derecho. Todos saben que es verdad, hoy por hoy y para mañana, muchos de los que están en el poder quieren asegurar su última tajada en esta torta ¿hasta dónde habrá que llegar para que los ignorantes y codiciosos despierten? Hoy Señores del Mundo, se acabó la fiesta. Usted ya verá, está escrito desde que los tiempos son tiempos.
Azor Náxara